21 ene. 2013

Conviviendo con los agricultores.





La narración se inspira en nuestra presencia en la comunidad de **La Pita**, Paso Bajito, entre Jarabacoa y Constanza,  zona montañosa de la Cordillera Central de La República DominicanaEn esta zona realizamos un trabajo organizativo  para  que núcleos de agricultores se sensibilicen para cambiar los sistemas  convencionales de cultivos y mejorar sus condiciones de vida. Poco a poco anotamos nuestras reflexiones para compartirlas con los amigos, hermanos y organismos que trabajan en el medio rural.

Aquí donde estamos  el ritmo de la vida es un poco diferente. Cuando entra un frente frio la gente se recoge. A veces, los días, desde la mañana hasta entrada la noche, pasan  en medio de una fina neblina.  Cuando se despeja el frente frío, entonces viene la luz. La gente comienza a moverse, el ruido de las motocicletas animan el ambiente, los negociantes comienzan a subir, la nostalgia se despeja y la vida toma el ritmo del sol.

Nosotros   comenzamos  a actuar dentro de este ritmo de vida. Al llegar a una comunidad permanecemos sin hacer mucho ruido. No tenemos nada que ofrecer. Nos relacionamos con la  expectativa de consolidar  vínculos  fuertes con los agricultores y sus familias. Esperamos un poco  hasta observar  las actitudes en medio del diario vivir. En la primera semana dos agricultores nos visitaron. Con Nicodemo hablamos de experiencias pasadas fallidas. En la conversación él resaltó su honradez en el manejo de un proyecto de frijoles dentro del cual la mayoría de los campesinos empobrecidos actuaron de forma oportunista. Recibieron semillas y facilidades crediticias del CAUSJ y la mayoría vendió la cosecha a los intermediarios y se escondieron del Comité para no pagar. Ramón, el otro campesino amigo, vino más de una vez a contarme sus experiencias más recientes en el trabajo. Con frecuencia me muestra sus uñas ennegrecidas y sus manos  endurecidas por el trabajo duro en  su plantación de tomates en la que tiene puesta sus esperanzas para  pagar una deuda con intereses insoportables.

En la semana siguiente le comenté a Ramón mi percepción sobre el frio recibimiento en el momento de nuestra llegada. La opinión de Ramón es que ** la gente no se despega de su trabajo**. Convenimos aprovechar algunos momentos especiales, como la tarde del domingo o al oscurecer de los días de trabajo, para comenzar a hacerles unas visitas cortas a los miembros del grupo. Al terminar este ciclo de  visitas, momento en el que nos encontramos ahora, llueven en mi mente decenas de preguntas.

La búsqueda de respuestas me lleva  a observar el panorama en la comunidad y a tratar de ver la realidad de la gente en el contexto del país y del  momento histórico que vive el mundo. En verdad no puedo hablar de lo que no he observado ni  sobre lo que no  he pensado. No es una presencia de un equipo formalmente constituido con objetivos especificados. Por eso, estas notas, hasta ahora, serán el resultado de mis reflexiones y  siempre estarán inconclusas y sin ningún orden.

Embargados de una  impotencia que muchas veces nos pone  a dudar de las  posibilidades de permanencia en las condiciones actuales, recurrimos  a la dureza de las fibras humanas de hombres y mujeres ejemplares en la historia, a la templanza de tanto compañeros con los que  hemos compartido episodios de la vida y al ideal inculcado por Regino Martínez, S.J. de hacer lo que le da sentido a nuestras vidas.

 En medio de estas visitas  se pueden sintetizar  recursos   metodológicos para compartirlos con  otros compañeros  y equipos de animación comprometidos con procesos de desarrollo rural. 

Veamos: primero, al identificar  situaciones objetivas que reflejan problemas comunes en  la vida de la comunidad o que se relacionan con   el buen desenvolvimiento de la vida en dignidad de las personas, agruparlas   y hacer un   índices  de contenidos temáticos de un  proceso de formación y de  capacitación  a seguir en  los núcleos más activos y responsables y para planear respuestas prácticas posibles  en   una acción organizativa  futura. Segundo, al elaborar el contenido programático de la acción, priorizar aquellas situaciones que siendo expresiónes particulares  de la realidad económica, social y  política de  la comunidad o de la zona de trabajo, vista  como una especificidad histórico-cultural, y, que a la vez, son puntos de unión  o ejes temáticos  mediante los cuales se introducen los demás temas que reflejan la  realidad  de la comunidad, Pero, que en las jornadas de reflexión debemos profundizar hasta llegar al contexto global e ir buscando el sentido de la historia. En estas jornadas , pueden hacerse acompañar de imágenes para ayudar a  redescubrir los contenidos de los temas anteriores   e ir dando   una mirada retrospectiva a la historia para   tratar de entender  en  estas particularidades de la vida de la comunidad las causas y las consecuencias, a la vez, de la realidad de opresión que se vive a nivel global y  del país. Es ésta la visión liberadora de la  labor educativa en la comunidad o comunidades.

José Emilio Reyes.